lunes, 27 de febrero de 2012

30 y 30



A casi treinta días de mi despido (perdón “renuncia”), cumplí coincidencialmente 30 años.

“Ya eres todo un hombre”, me dice una antigua compañera de curso de filosofía. En este mes hice un inventario de vivencias y me percato de que ser hombre va mas allá de tener: un pene, un par de bolas, un carro para salir con tu pareja, novia o “culito”; un trabajo “estable” y otros paradigmas sociales.

Con 30 años y con esas posturas sociales, no se es nadie. 30 años y con visión, es otra cosa.

La sensación y certeza de libertad, felicidad y autoconfianza que siento ahora es única. Nada de lo que ahora tengo, tanto material como espiritualmente, no lo hubiese obtenido sino hubiese asumido el mayor de todos los retos, la mayor de todas las pruebas o la mayor de todas las empresas, que es: retarse a uno mismo.

Las metas están mas claras. Reconozco que aun me falta disciplina. Esto de laborar por tu cuenta, hace que en algún momento del día “te distraigas”. Es por ello que se hace vital, establecer metas semanales. Poco a poco lo voy a haciendo y será para mi un placer escribir y describir en este blog la metodología usada.

Estando en casa, adopte una nueva oficina, mi platabanda.

Quiero retomar algunas actividades olvidadas. Al mismo tiempo, he presenciado y aprendido ciertas actividades de las cuales me he perdido durante mis 10 años de labor en las distintas empresas privadas en las que estuve. He aquí algunas:

.- Retomo mi blog. Escribir lo dejé en el olvido. Mientras programas en un lenguaje de la casa Microsoft, tu lado izquierdo del cerebro es quien gobierna tus quehaceres diarios. Algunos de mis compañeros sabían de estos comentarios con anterioridad. El lado derecho de mi cerebro es el responsable de que me hayan botado. Es por ello que esta gratificante actividad vuelve ON AIR.

.- Ya estoy aprendiendo a lavar. No me hace menos hombre tender la ropa.

.- Aun vivo en un barrio, y por ende, no tengo gas directo. Cada cierto tiempo hay que comprar la bombona de gas. En verdad, prefiero pagar para que la vayan a buscar.

.- Tomando en cuenta lo anterior, es necesario hacer ejercicios. La pena no es lo mio. No me da pena cargar una bombona de gas. Pena me da es ver la carajita de 10 años que se monta la bombona en el lomo y va escaleras arriba con su bombona. Que bolas. Por ello, buscaré la forma de ejercitarme.

.- Sigo con el barrio. Mis vecinos (ellos saben quienes son), tienen practicas medievales. Es en serio, aquí en el barrio no solo hay marginalidad, también contamos con personas con actitudes y culturas dignas de la época del “Señor Feudal”. Martín Lutero (coño si no sabe quien es, lean un poquito. Los libros ni google muerden), se sentiría como en casa al ver como mis vecinos hechan rodar sus “manantiales de orine” por el pasillo de su propia casa. El olor es simplemente celestial. Una belleza de vecinos.

.- No tengo agenda. Tengo un cuaderno viejo, de esos del liceo, en el cual anoto lo que haré en la semana. Con el resaltador que me quedo de la compañía en la cual trabajé, remarco lo mas importante a lo que a negocios se refiere.

.- Ingreso en el Facebook y Twitter con mayor libertad. Esto me permite hacer las promociones de mi negocio de tazas y a la vez captar posibles clientes para el desarrollo de software.

.- Practico la fotografía. En mi último empleo hice una que otras fotos con mi celular, pero nada se compara a esa paciencia con la cual se busca la exactitud en la toma. Entre las cosas que tengo del trabajo me quedan: un video digno para ser llevado a la LOPCYMAT. Otros videos compartiendo el “sistema” con los excompañeros de labores y otro videíto de…(no diré su nombre) masturbándose.

.- Creo, no estoy seguro aun, que también volveré a tocar guitarra. La música, esa mujer ninfómana musical que hace coito en mis oídos, es una de esas expresiones artísticas que he pasado por alto.

.- Ando en la calle. Nose, pero, Caracas es una ciudad rara. Tiene delincuencia, corrupción, bulla, caos, tráfico horroroso, Petare etc. Y aun asi, tiene lugares que hay que recorrer. Cuando iba camino a chequear mi liquidación hacia el ministerio del trabajo (lo cual no hice), por un momento me detuve en la plaza Bolivar. Que libertad!. Tomarse un tiempo para descansar allí es como volver a esa época de niños en la que nos llevaban a esa plaza a “pasear”.

Estas son algunas cosas. Ya volvi. No escribiré muy seguido asi que… Gracias por leerme.

Voy a terminar el almuerzo.