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Mostrando las entradas con la etiqueta relato erotico

Perla: La religiosa venezolana que casi se entregó otra vez (Capítulo 1)

Perla se miró al espejo del baño de la oficina y se detuvo. Treinta y ocho años. Piel morena de Venezuela, cabello castaño oscuro recogido en un moño que intentaba ser discreto, labios carnosos que a veces se mordía sin darse cuenta. Bajo la blusa blanca de botones, los pechos pesados se marcaban apenas. Era estudiosa, rigurosa, la que llegaba temprana y se iba tarde. Y era religiosa. Muy religiosa. Cada domingo en misa, cada noche de rodillas rezando el rosario, cada vez que el deseo la tocaba, el mismo nudo de culpa en el pecho. Hacía casi un año del error. Una noche de vino y confidencias con Andrés, el mejor amigo de su pareja. Una noche en la que la lengua de Andrés había recorrido su cuello, sus pezones duros, el pliegue húmedo entre sus piernas hasta hacerla correrse con un gemido ahogado contra la almohada. Después, el silencio. La vergüenza. El rezo. Había vuelto a la iglesia con más fuerza, como si el arrepentimiento pudiera borrar el sabor de aquella boca en su vagina. Pero ...

Alba De 50 Años

Tengo cincuenta años y un cuerpo que aún no ha aprendido a rendirse. Las curvas que la vida me regaló —pechos pesados y generosos, caderas anchas que se balancean con cada paso, un vientre suave y redondeado que guarda la memoria de haber parido— no son las de una jovencita, pero arden. Arden cada vez que Roberto cruza el umbral de mi casa de campo. Él llega cada quince días, siempre un viernes por la tarde, cuando el sol empieza a derramarse como miel sobre los olivos. Es el marido de mi hija. Treinta y pocos, alto, de hombros anchos y manos grandes que siempre huelen a tierra y a madera. Tiene esa forma de mirar que parece medir el aire entre nosotros, aunque todavía no se atreve a reconocerlo. Yo sí. Yo lo mido desde el primer día en que se sentó a mi mesa y se pasó la lengua por los labios después de probar mi gazpacho. Hoy es uno de esos viernes. Lo oigo antes de verlo: el crujido de la grava bajo las ruedas del coche, el portazo suave, los pasos firmes que se acercan. Abro la pue...

A Veces El Cuerpo Entiende Las Cosas Antes Que La Mente (Capitulo 2)

El segundo día amaneció con un cielo grisáceo que anunciaba lluvia, pero dentro de mi cuerpo el calor era ya una fiebre constante. No había dormido casi nada. Cada vez que cerraba los ojos veía el rubor de Lucía, la forma en que su pecho se agitaba cuando mi aliento le rozaba el cuello, el brillo de saliva en ese labio inferior que mi pulgar había rozado. Me había tocado dos veces más durante la noche, siempre imaginando que eran sus dedos los que me abrían, sus labios los que me chupaban el clítoris hinchado hasta hacerme arquear la espalda. A las cinco de la tarde ya estaba lista. Esta vez elegí algo más deliberado: un vestido de seda negra que se ceñía al cuerpo y se abría un poco en el pecho, lo suficiente para que se adivinara el comienzo de mis pechos pesados y maduros. Sin sujetador. Sin bragas. Solo la tela fina rozándome los pezones y el coño ya húmedo. El pelo suelto, el maquillaje mínimo, solo un poco de brillo en los labios. Quería que me oliera. Que me sintiera. Cuando toc...